sábado, 31 de janeiro de 2015

MÉXICO: AS NOTÍCIAS SE ESCREVEM COM SANGUE



Moisés Sánchez Cerezo, o último jornalista assassinado (Foto: EFE/Página/12)
O México é o sexto país mais perigoso para o exercício do jornalismo, depois de países como a Síria e o Iraque: pelo menos 10 jornalistas mexicanos foram assassinados em menos de 28 meses do governo de Enrique Peña Nieto. A partir do ano 2.000, 82 comunicadores foram mortos no México e outros 17 permanecem desaparecidos.

Por Gerardo Albarrán de Alba, da Cidade do México – no jornal argentino Página/12, edição impressa de hoje, dia 31

O desprezo pelo trabalho jornalístico no México por parte de atores políticos, sociais e empresariais é o rito condutor em pelo menos 10 casos de jornalistas mexicanos assassinados em menos de 28 meses do governo de Enrique Peña Nieto, o último deles confirmado na noite do domingo passado, quando encontraram degolado  Moisés Sánchez Cerezo, um jornalista e ativista sequestrado em sua casa no estado de Veracruz no último dia 2. O prefeito de sua comunidade é apontado como autor intelectual do crime.

O México é o sexto país mais perigoso do mundo para os jornalistas, depois da Síria, o território palestino da Faixa de Gaza, Paquistão, Iraque e Ucrânia, segundo um informe internacional difundido no último dia 6 em Genebra pela Campanha por um Modelo de Imprensa.

Desde o ano 2.000, pelo menos 82 jornalistas e comunicadores foram assassinados no México e outros 17 permanecem desaparecidos, registra o escritório local da organização Artigo 19, com sede em Londres. Em Paris, Repórteres sem Fronteiras considera Veracruz como o estado mais violento para a imprensa mexicana, com pelo menos 16 jornalistas assassinados, um dado que tem a concordância de PEN México; 11 desses crimes ocorreram a partir de julho de 2010, quando se iniciou a administração de Javier Duarte Ochoa.

Continua em espanhol (com traduções pontuais):

De enero a septiembre de 2014, la oficina (o escritório) local de Artículo 19 documentó 222 agresiones contra la prensa. En 94 casos se trata de ataques físicos; 40 actos de intimidación; 37 amenazas; 23 detenciones arbitrarias; tres asesinatos a periodistas (jornalistas) y el ataque a las instalaciones de un medio de comunicación donde falleció el hijo (o filho) de un comunicador. En el 42 por ciento de las agresiones, el responsable es un funcionario público; en el 17 por ciento es un particular; y se desconoce al atacante en el restante 27 por ciento.

Para la Casa de los Derechos de los Periodistas, creada hace cuatro años en esta capital, en el período entre enero y noviembre de 2014 fueron asesinados ocho (8) periodistas: tres en Guerrero, dos (2) en Oaxaca, uno en Tamaulipas, uno en Sinaloa y uno en Zacatecas, además de un niño (garoto) de apenas 12 años de edad, Juan Diego Benítez, hijo (filho) del conductor y fundador de la Radio Comunitaria La Calenta Mexiquense, Indalecio Benítez. El menor murió durante un ataque perpetrado por un comando armado que acribilló (alvejou, disparou contra) las instalaciones de la estación en Luvianos, estado de México.

Desde 2010, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) recibió 433 expedientes de queja por agresiones a periodistas o (ou) medios de comunicación; también confirmó 97 muertes de periodistas o (ou) trabajadores del sector periodístico, asesinados presuntamente en razón de su trabajo. Desde 2005, la CIDH ha documentado la desaparición de 22 comunicadores en México, y desde 2006 registra 42 atentados a instalaciones de medios de comunicación, tanto impresos como electrónicos.

De acuerdo con los registros de Artículo 19, los años 2006 y 2008 han sido los más mortales para los periodistas en México, con diez (10) comunicadores asesinados en cada uno. El año pasado reportó cinco asesinatos.

Todas las organizaciones nacionales e internacionales que trabajan la protección de periodistas coinciden (concordam) en que el mayor agresor de la prensa en México es la policía, ya sea municipal, estatal o (estadual ou) federal, así como funcionarios públicos de todos los niveles y las fuerzas armadas. Freedom House y el Centro Internacional de Periodistas (ICFJ, por sus siglas en inglés), ambas con sede en Washington, confirmaron que las autoridades y sus cuerpos de seguridad son los agresores más frecuentes de periodistas.

Mediante la campaña “Periodistas en riesgo”, ambas organizaciones recibieron 209 reportes (informes) de agresiones desde el 1º de diciembre de 2012, cuando Enrique Peña Nieto tomó posesión como presidente, hasta el 1º de diciembre de 2014. De ese total, 143 corresponden a agresiones físicas (46 golpizas de policías y 27 detenciones arbitrarias, incluida la de un periodista rumano [da Romênia]); 17 golpizas por parte de manifestantes; 13 secuestros y 16 homicidios – 8 de ellos precedidos de desaparición forzada – en nueve entidades (Tamaulipas, Oaxaca, Sinaloa, Puebla, Chihuahua, Guerrero y Zacatecas), incluida María del Rosario Fuentes, que compaginaba su labor (seu trabalho) como residente médica en un hospital de Tamaulipas con reportes sobre seguridad pública y crimen organizado en las redes sociales. El proyecto “Periodistas en riesgo” es realizado por un grupo de periodistas y defensores de derechos humanos para registrar incidentes de criminalidad y corrupción.

En un reporte divulgado el viernes (sexta-feira) pasado, se detallan 46 casos de agresiones psicológicas, entre las que destacan cuatro casos de “doble riesgo”, que consisten en amenazas contra periodistas que investigaban algún tipo de agresión contra ellos mismos. El mapa de agresiones elaborado por Freedom House y el ICFJ muestra también 14 agresiones digitales y seis agresiones legales (es decir, acoso [quer dizer, assédio] legal mediante demandas, citatorios o decomiso de equipo [ou apreensão de equipamento]).

Estas agresiones tienen como hilo (rito) conductor “un creciente desprecio hacia la labor periodística (contra o trabalho jornalístico) en México por parte de actores policíales, políticos, sociales y empresariales, además de los grupos criminales”, y una “sólida confianza” en que tales crímenes quedarán impunes.

Tradução (parcial): Jadson Oliveira

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